Benito fue adoptado a los 6 años por Manuel Chinchella y Justina Molina. Empezó su formación en una escuela de enseñanza en la que
únicamente permaneció dos años ya que, con tan sólo nueve años, tuvo que
empezar a trabajar en la carbonería de su padre.
Hasta que cumplió 15 fue obrero portuario de La Boca; su trabajo
consistía en trepar a los barcos para llenar las bolsas vacías de carbón y
cargarlas en los carros.
En 1907 ingresó en una
modesta academia de dibujo de su barrio para estudiar pintura con Alfredo
Lazzari. Desde entonces se dedicó a la pintura.
En 1918 decidió cambiar su nombre (Benito Juan Martín) por el de
Benito Quinquela Martín. Con su nuevo nombre, el 4 de
noviembre, exhibió sus pinturas en la Primera Exposición Individual de la
Galería Witcomb. La muestra fue un éxito y los críticos hablaron de la
aparición de un original pintor, con técnica, estilo y mensaje propios.
A partir
de este momento empezaron sus recorridos por el mundo. En 1921 realizó su
primera exposición internacional en Río de Janeiro. Su primer viaje a Europa lo
realizó dos años más tarde, a Madrid. En 1925 llegó a París, dos
años más tarde a Nueva York y en 1929 a Italia, donde Mussolini lo nombró su
pintor predilecto "porque sabe retratar el trabajo". Todos estos
viajes lo separaban de sus padres; de ahí que rechazó una invitación a Japón
para quedarse junto a ellos en el barrio argentino de La Boca.
Muy querido en el barrio, actuó como un protector de las artes y fundó el Café Tortoni para que los artistas pudieran difundir sus obras. en 1933 compró varios terrenos que donó al Estado para que construyera instituciones dedicadas a la expansión del arte y obras sociales.
Hasta los últimos años de su vida, Benito Quinquela Martín siguió trabajando. Nunca se fue de La Boca, ni se aisló de la vida de su barrio; sus puertas estaban abiertas y muchas veces él se paseaba entre los niños que asistían a la escuela que ayudó a fundar. Falleció en 1977 y aún se lo recuerda.

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